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Los Docentes

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Radiactividad artificial, Quimica

Radiactividad artificial

Curie y Joliot, 1934

 

Radiactivar la materia

La etapa intermedia entre el descubrimiento de la radiactividad y el de la energía atómica fue la de la radiactividad artificial.

 

En las tres decadas siguientes al descubrimiento de la radiactividad, nadie supone que­ pueda haber más cuerpos radiacti­vos que los que se producen de modo natural. Sin embargo, la físi­ca teórica especula sobre los cam­bios de energía dentro de la ma­teria, especulaciones que suelen so­brepasar el mero campo de la ob­servación y que preceden a los descubrimientos. En 1932, numero­sos sabios -Anderson, Blackett, Occhialini- descubren los electro­nes positivos, que dos años antes había postulado el inglés Dirac. Este físico, uno de los teóricos más brillantes de la mecánica cuántica, postuló que un electrón positivo o positrón tenía una vida muy breve en la materia y que se aniquilaba al chocar con un elec­trón negativo; la destrucción simul­tánea de ambos liberaba dos foto­nes de sentidos opuestos. Los fran­ceses Gibaud y Joliot, éste último yerno de los Curie por haberse ca­sado con su hija Irene, verifican la predicción de Dirac en 1933. Ese mismo año, Irene y Frédéric Joliot­Curie, al repetir la comprobación con berilio que han bombardeado con partículas de polonio, descu­bren que en el berilio hay emisiones de electrones positivos, pero que los fotones se materializan en el campo del núcleo, en el interior del átomo; es lo que denominan «mate­rialización interna», fenómeno que plantea problemas teóricos. Tras re­petir sus experimentos con otros cuerpos -flúor, boro, sodio y alu­minio-, hallan también emisión de electrones positivos que no se pue­de explicar de la misma manera, pues en este caso hay una transmu­tación de los elemen­tos, unas veces con emisión de un protón de gran energía y otras con la emisión de un neutrón y de un electrón positivo.

 

El aluminio radiactivo

Lo que interesa a los Joliot-Curie en estos experimentos es el balance energético de las reacciones, ante el cual determinan que la masa del neutrón, contrariamente a lo que se creía, es superior a la del protón. Su estudio sobre los electrones positi­vos, a los que denominan «electro­nes de transmutación», ya tiene de por sí el considerable mérito de aclarar numerosos datos de física atómica.

 

Al profundizar en este estudio, para saber si los neutrones y los electrones positivos liberados al bombardear determinados elemen­tos son simultáneos y si se produ­cen en un mismo umbral de ener­gía, los Juliot-Curie descubren un fenómeno inesperado: los electro­nes positivos se siguen despren­diento del aluminio incluso des­pués de que la fuente se haya dete­nido. El aluminio se ha vuelto ra­diactivo.

El bombardeo neutrónico

El descubrimiento se publica en los Comptes rendus de 1'Académie des sciences [Informes de la Academia de las Ciencias] del 15 de enero de 1934; como es natural, causa sensa­ción. Científicos de numerosos paí­ses replican el experimento con el aluminio, pero también con otros muchos elementos. Se comienza a bombardear con deutones y proto­nes, acelerados por un multiplica­dor de voltaje, por un generador electrostático y por un acelerador de resonancia magnética o ciclo­trón. Todos los elementos no se prestan con la misma facilidad a la radiactivación artificial, hasta un día de 1935 en que el italiano Fermi establece que el campo de Coulomb del núcleo no se opone a la entrada de un neutrón tanto como lo hace a la entrada de una partícula carga­da, y se empieza a recurrir al bom­bardeo con neutrones para crear ra­dioelementos artificiales.

 

Un descubrimiento anterior

La radiactividad artificial, que se define en 1934, ya había sido descu­bierta en 1898 por Marie Curie, jun­to a la radiactividad natural, cuan­do se dio cuenta de que la exposi­ción de determinadas sustancias a un cuerpo radiactivo las volvía ra­diactivas. Cabría incluso sostener que el descubrimiento de la radiac­tividad artificial se remonta al em­pleo de los primeros tubos catódi­cos y a la producción de los prime­ros haces de neutrones. Cuando Róentgen produjo rayos X por pri­mera vez, estaba creando una ra­diación (3 comparable a la que se emite en la desintegración de la materia. Pero la época no estaba pre­parada para recibir el concepto de radiactividad natural; en cuanto al de radiactividad artificial, era de­masiado pronto.

 

La fisión del átomo

Los neutrones usados para la creación de elementos radiactivos artificiales se pueden obtener a par­tir de reacciones en cadena, de ace­leradores de partículas o de radio­elementos naturales. Pero, en realidad, se puede producir radiactivi­dad artificial con cualquier tipo de partículas que sean lo bastante rápi­das o que se puedan acelerar lo su­ficiente como para que penetren en el núcleo-objetivo: rayos X, rayos gamma, iones de helio, deutones, protones...

 

Muy útil en la industria para la fabricación de isótopos, el descubri­miento de la radiactividad artificial, y su corolario, la transmutación, fue una etapa indis­pensable entre el descubrimiento de la radiactividad natural y el de la fisión. La ruptura del equilibrio del átomo, que tiene como consecuencia el desprendi­miento de energía en forma de emi­sión de partículas, fotones, electro­nes y calor, guió inevitablemente a los físicos hacia la liberación de ma­sas crecientes de energía en condi­ciones especiales. La singularidad del proceso es que el descubrimien­to posterior fue a la vez inevitable y accidental.

 

       

 

Isótopos y salud

 

Una de las conse­cuencias más útiles de la radiactividad ar­tificial es la produc­ción de isótopos que se usan, evidente­mente en dosis infi­nitesimales, como trazadores para el es­tudio de las funcio­nes orgánicas, como el yodo 131, que se emplea para estudiar el tiroides (mediante la escintigrafía), y el oxígeno 15, que se usa, a título experi­mental, para estudiar la respiración.

 

 

Radioelementos

A finales de 1935, se disponía de 100 ra­dioelementos artifi­ciales; a finales de 1939, de 330; a fina­les de 1943, de 420; en 1957, de más de 1.000; y en 1970, de más de 1.500.

Estos elementos han sido encontrados en la naturaleza o bien los sintetizo el hombre